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Es frecuente ver en una prueba de SchH o RCI, a perros relativamente jóvenes rozar, tocar, hasta apoyar, tanto de ida como de vuelta en el saltímetro.
Si esta apreciación se pudiera hacer tan sólo en unas pocas razas, lo consideraríamos una cuestión anatómica, debida a problemas físico-funcionales: mala relación peso potencia, angulaciones exageradas, línea dorsal inadecuada por falta de elasticidad, exceso de longitud o ambas cosas, grupas que no transmiten fuerza al cuarto trasero, etc. Tales defectos podrían atribuirse a líneas concretas, de razas concretas, pero los problemas de salto son un fallo generalizado. Sí y digo un fallo, porque a mi entender, eso es exactamente de lo que se trata; de un error en el programa de adiestramiento (salvo en el caso de ejemplares con marcadas limitaciones físicas, claro está). Si tomamos como referente los programas de adiestramiento más exigentes en los saltos como son los distintos Rings nacionales y el Mondio, veremos que las técnicas desarrolladas para superar los 120 cm. , son muy aplicables a la hora de franquear el metro en los programas germánicos. No pretendo en absoluto entrar en polémica sobre los diferentes reglamentos, sino abrir una puerta de intercambio entre ellos. Un problema básico en mi opinión, es como casi siempre en el adiestramiento, una cuestión de “prisas, ya que normalmente en RCI se suele entrenar el salto como un simple complemento del apport, convirtiéndolo en un trámite en el que no se emplea ni el tiempo suficiente, ni la técnica adecuada, quitándole su verdadera importancia y no asumiendo la complejidad de éste ejercicio.
Quizá el secreto de muchas técnicas para mejorar nuestros adiestramientos sea algo sencillo: la descomposición del ejercicio, la simplicidad es una gran aliada cuando se han de sentar bases, y descomponer el ejercicio hasta llegar a su faceta más simple, es desde luego, dar una gran facilidad al perro, para que pueda amueblar su cabeza, con la nueva información recibida. Así que una vez vistas las causas, busquemos las posibles soluciones. Al principio, con el perro joven, aunque con un mínimo de consistencia física, le estimulo a coger mordedores o pelotas saltando hacia arriba desde la posición de sentado, con alturas lógicamente en progresión. Con esto lograremos cierto “despegue vertical que nos va a ser muy útil en un futuro. Evidentemente cualquier otro tipo de entreno físico como natación, marcha, etc. nos vendrá bien para favorecer el incremento de su masa muscular, y la reducción de la grasa superflua, contribuyendo a una mejora de la relación peso potencia, siempre adecuando el trabajo físico a la edad y a las posibilidades del animal. Ya entrando en materia; nos situaremos a unos pasos del salto con la valla en su mínima expresión: 50 cm. , la altura del basculante, pues para la iniciación del salto en cualquier disciplina creo que es importante que aprenda sobre una “haie (saltímetro utilizado en Ring francés), ya que uno de los principios que nos interesa “explicarle de cara a que no haya apoyos sobre las barras, es la inconsistencia del aparato de salto y por consiguiente su inestabilidad cuando el perro se apoya sobre él: el perro debe abordar el salto con total normalidad, aunque sabiendo que la valla no soporta ni su peso ni el simple roce de sus patas traseras, lo que contribuirá a que las repliegue hacia arriba.
Sería interesante montar y desmontar el salto cerca del perro, y a veces, incluso desplomándolo, para que llegue a la conclusión de que la fragilidad del salto es algo del todo natural, no creando así un conflicto, por ser él quien lo derribe la primera vez, con el estruendo que ello provoca. Siempre emplearemos para la iniciación barras de pvc, las metálicas no son aconsejables en un cachorro por motivos obvios.
Como he indicado nos dirigiremos al salto con el perro a nuestro lado aunque no bajo disciplina, con tranquilidad y al paso cruzaremos por encima de la valla a la par que él. Cuando entrenábamos con la pelota o el mordedor ya le dábamos la orden “hop y ahora al llegar a la altura del basculante se la repetiremos en el momento de pasar, si el perro se negara no le obligaremos; simplemente nos mantendremos al otro lado de la valla invitándole a cruzar y evitando que tire de la correa, tanto hacia atrás como lateralmente. De ser necesario le reforzaremos con el mordedor o la pelota. Una vez pase el salto con naturalidad le iremos acercando más para que cada vez tenga que elevarse desde mas cerca. Al principio la altura no debe preocuparnos en absoluto, lo importante es la comprensión de la técnica. Con el basculante situado aún lo más bajo posible sentaremos el perro a unos 50 cm del salto, poniendo el mordedor o la pelota atado a una piqueta en el otro lado del salto, también a unos 50 cm., de manera que con el panel de la valla no pueda verlo. De esta manera cuando salte verá el mordedor desde el aire y recortará el salto para poder cogerlo. Una vez lo haya cogido tiraremos del mordedor para fomentar la presa, pero como está atado al suelo no podrá llevárselo, sino que se mantendrá en el sitio, es decir en “la plaza que podremos marcar con una alfombrilla o trozo de moqueta. Al principio sólo trabajaremos la ida, no siempre recompensando ya que si el nivel de estimulación es demasiado alto puede tener tendencia a atravesar el salto o a alargarlo en exceso, técnica más propia del salto de longitud que del de altura. La tendencia del perro una vez nos haya comprendido, será la de acercarse bastante al salto elevándose lo máximo posible y cayendo cerca, lo que llaman en Francia “rouler le saut lo que vendría a decir “rodar el salto. Cada vez que aumentemos la altura, separaremos al perro un poco de la valla. La altura la aumentaremos muy poco a poco empezando con el basculante, ya puesto en los soportes que le hacen bascular, pero sin ninguna barra (unos 70 o 75 cm.), haciendo especial hincapié en la técnica; el inicio, o punto de partida, siempre desde sentado (posición desde la que le será más fácil observar). Desde la distancia a la que le hallamos colocado el perro deberá decidir los trancos1 de impulso, para calcular el salto los más vertical y elevado posible, y la plaza, punto final en esta fase e importantísimo para construir la vuelta. A estas alturas ya trabajamos sin poner el mordedor en la plaza, ahora recompensamos ocasionalmente cuando le indicamos que se coloque en su plaza y así lo hace. Recordemos que esto es un trabajo de entreno y que la plaza solo debe de fijar una referencia, que no conllevará ningún problema, cuando en el futuro se ensamblen el salto y el apport, sino más bien al contrario, veremos que esa referencia será muy importante, ya que es desde donde calculará los trancos para realizar el salto de vuelta. Ahora nuestro perro ya salta a la orden y se coloca en su plaza cuando así se lo indicamos, donde queda en tensión y expectante a nuestra posible recompensa o indicaciones: éste es el momento en el que iniciaremos las vueltas. El trabajo de regreso nos será más fácil ya que ahora nuestro perro comprende la técnica, tan solo será necesario refrenar un poco sus impulsos, es posible que al principio quiera saltar desde la plaza y no calcular los trancos desde donde está. Llegados a este punto bajaremos de nuevo la altura del salto hasta un máximo de 90 cm. y volveremos a acercar las plazas, que ahora son dos: una en la ida y otra en la vuelta, para recompensar exclusivamente después de haberse estabilizado el perro. Una vez la calma y el cálculo hayan vuelto a nuestro joven alumno, progresivamente volveremos a aumentar la altura hasta llegar a la que franqueaba con corrección cuando realizábamos solo las idas. Siempre y cuando la altura del salto no suponga una regresión en la técnica ni haga dudar de la compresión por parte del perro del ejercicio. Es decir; si al integrar la ida y la vuelta, el perro tiene tendencia a alargar el salto, volveremos a las bases: bajar altura y acercar plazas, hasta reforzar de nuevo ese despegue vertical del que hablábamos al principio. Si eso ocurriera, quizá hayamos quemado etapas con excesiva prontitud, lo que sería muy negativo, puesto que cada vez que volvemos a las bases, tenemos que acercar referencias y bajar altura para depurar la técnica. Esto es un arma de doble filo: si el perro llega a advertir que cuando derriba las barras le bajamos el salto puede disminuir el rendimiento, no exprimiendo sus cualidades de saltador, esperando que nosotros le facilitemos el trabajo, por lo cual será necesario reconvenirle cuando realice un derribo, para que tenga una cierta preocupación y no deseé oír la barra tocar el suelo. Esto, bien utilizado, nos servirá para hacer que se emplee más en el salto, la forma de hacerlo es crearle falsos fracasos poniendo la altura por encima de la que el perro salta, con lo que normalmente derribará y, mientras nosotros le llamamos al orden (con cierta indulgencia), un ayudante montará de nuevo el salto que el perro puede superar. Este es el punto en que fijamos las distancias definitivas entre las plazas que será de unos dos pasos y medio o tres, máximo cuatro para franquear el metro veinte, pero al creer el perro que hay más altura, modificará su margen de derribo, pasando holgadamente.
Aunque el perro que estamos trabajando vaya a practicar RCI considero importante que salte 1’20 m., al menos 1’10 m. esos 10 o 20 cm. de margen van a ser cruciales en el futuro cuando ya realice los saltos con el apport. RECUERDA - Quizás el secreto para mejorar nuestros adiestramientos sea algo sencillo: la descomposición de los ejercicios, la simplicidad es una gran aliada cuando se han de sentar bases, y descomponer el ejercicio hasta llegar a su faceta más simple, es desde luego, dar una gran facilidad al perro, para que puede amueblar su cabeza con la nueva información recibida
- Sería interesante montar y desmontar el salto cerca del perro, a veces incluso dejándolo caer, para que llegue a la conclusión de la fragilidad del salto es algo del todo natural, no creando así un conflicto, por ser él quien lo derribe la primera vez, con el estruendo que ello provoca. El perro debe pensar que el saltímetro es inconsistente y solo con rozarlo se va a caer.
- Siempre emplearemos para la iniciación barras de PVC, las metálicas no son aconsejables por motivos obvios
- Una vez pase el salto con naturalidad iremos buscando que se eleve progresivamente desde más cerca. Al principio la altura no debe preocuparnos en absoluto, lo importante es la compresión de la técnica
- La tendencia del perro una vez nos hay comprendido, será la de acercarse bastante al salto elevándose lo máximo posible y cayendo cerca, lo que llaman en Francia "rouler le saut", lo que vendría a decir "rodar el salto"
- Entrena el "despegue vertical" haciendo al perro saltar hacia arriba para coger un mordedor
- Entrenar las "plazas" en posición de sentado y no avanzar hasta que el perro las ejecute de forma estable y se comprima cuando las ocupe.
- Cuando empecemos a entrenar el salto de vuelta bajar la altura
- No tener al perro "loco" con la presa; debe estar frío para calcular el salto
- Para que el perro se emplee a fondo es útil "ponerle trampas" para que derribe, elevando el salto ligeramente por encima de su altura habitual
NOTAS: - TRANCOS: Paso o pasos largos de preparación al salto
Autor: Xavier Marsinyach Porta E-Mail:
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Web: Malinois de la Serralada, Afijo FCI: 229/88 Publicado originalmente en : REVISTA APPORT NUMERO 70 |
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Escrito por: jose manuel () on 21-12-2007 18:41